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miércoles, 26 de noviembre de 2014

La rosa de los vientos

Si siembras una ilusión
y la riegas con tu amor, y el
Agua de la constancia brotará
En ti una flor su aroma y su
Calor te arropara cuando algo venga mal.

Si siembras un ideal en la tierra
Del quizás y la abonas con el odio
Será difícil arrancar la maldad de
Tu alma se ha hecho raíz.

Y que mi luz te acompañe pues
La vida es un jardín, donde lo bueno
Y lo malo se confunde y es humano
No siempre saber elegir.

Y si te sientes perdido con tus
Ojos no has de ver, hazlos con los
De tu alma y encontraras la calma
Tu rosa de los vientos seré.

Si siembras una amistad con mimos
Plántala y abónala con paciencia
Pódala con la verdad y trasplántala
Con fe pues necesita tiempo y crecer.

Si te embriagas de pasión y no enfrías
Tu corazón tartamudearán tus sentidos
Y quizá hablará solo el calor y no
La razón es sabio contar hasta diez.

Y que mi luz te acompañe pues
La vida es un jardín, donde lo bueno
Y lo malo se confunde y es humano
No siempre saber elegir.

Y si te sientes perdido con tus
Ojos no has de ver, hazlos con los
De tu alma y encontraras la calma
Tu rosa de los vientos seré.

Canción, Mago de Oz




sábado, 22 de noviembre de 2014

No desistas

Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir,
cuando tengas poco haber, pero mucho que pagar,
y precises sonreír aun teniendo que llorar.
Cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes  !pero nunca desistir!
Tras las sombras de la duda ya plateadas, ya sombrías
puede bien surgir el triunfo, no el fracaso que temías.
Y no es dable a tu ignorancia figurarse cuan cercano
puede estar el bien que anhelas y que juzgas tan lejano.
Lucha, pues, ¡por más que tengas en la brega que sufrir!
Cuando todo esté peor, mas debemos INSISTIR!


Autor: Rudyard Ripling



miércoles, 19 de noviembre de 2014

Permanencia

Sopla, viento, sopla y arrasa, que también de ti
Saco conciencia.
En tu furia
Mido mis fuerzas. Dóblame si puedes, y túmbame,
Mi sostén es de acero.
Yo estoy sobre la línea de las cosas
Que no murieron nunca.
Mi raíz emerge
Desde el primer asomo del comienzo,
Y brota y ensancha, y fructifica, y siembra,
Hasta el negado fin del infinito.
Brioso y perverso y desafiante y ciego,
No borrarás la luz de mi paisaje,
Ni el aroma del tiempo que me quiere.
El canto de los pájaros
Ha de prender corolas de colores, siempre,
Y un recuerdo de nido
Entibiará mis ramas.
La luna te cortará las carnes para verme.
Estoy sobre el regazo de la tierra,
Bajo la cóncava mirada azul,
Con mi sabida sangre,
A un murmullo
Del agua.
Suéltate, desorbitado, atronador, deshecho,
Por la ladera fácil,
A querer romperme los oídos;
Yo escucho con el corazón.
Búscame, azota mi pensativa hora de preguntas,
Castígame el silencio, enfríame las manos,
Succióname la savia.
Fatigarás tu furia hasta que caigas.
Todos nosotros te derrotaremos; la gota de agua,
El anuncio del pájaro
Sobre la primavera,
La sonrisa del niño, y la sencilla
Calma de existencia.
Raíz de tempestad, barre las caídas hojas,
Y la inclinada brotación de miedo.
Tu voluntad altiva de torcerme
No quebrará mi línea,
Respiro con las cosas que no murieron nunca.
Soy de mí misma,
Indestructible, mía, en vertical esencia,
Y permanezco.

Autor: Matilde Alba Swann




sábado, 15 de noviembre de 2014

Poema de la despedida

Te digo adiós y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado y loco,
Me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco,
Pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en el recuerdo,
Y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
Tal vez empiece a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en ti.

Autor: José Ángel Buesa



jueves, 13 de noviembre de 2014

¿Quién retiene al amor cuando se aleja?


Tanto es mi amor, por todos mis amores,
que en el jardín de la existencia mía
a verlas marchitarse día a día
preferí siempre deshojar sus flores.

Cuanto más encendidos sus colores
mueran en su triunfante lozanía,
más triste que la muerte es la agonía
de un amor entre dudas y temores.

Triste fin de un amor, cuando engañoso
quiere fingir que a su pesar nos deja,
y más ofende, cuanto más piadoso.

¿Y qué logrará la importuna queja
del ofendido corazón celoso?
¡Quién retiene al amor... cuando se aleja!

Autor: Jacinto Benavente





miércoles, 12 de noviembre de 2014

No te quiero sino porque te quiero

No te quiero sino porque te quiero

y de quererte a no quererte llego

y de esperarte cuando no te espero

pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,

te odio sin fin, y odiándote te ruego,

y la medida de mi amor viajero

es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de enero,

su rayo cruel, mi corazón entero,

robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero

y moriré de amor porque te quiero,

porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Autor:  Pablo Neruda


lunes, 10 de noviembre de 2014

Desamor

Cuando tu cuerpo es nieve
Perdida en un olvido deshelado,
Y el aire no se atreve
A moverse por miedo a lo olvidado;
Y el mar, cuando se mueve
E inventa otra postura,
Es sólo por sentirse de este lado
Más ágil de recuerdos y amargura.

Cuando es ya nieve pura,
Y tu alma señal de haber llorado,
Y entre cartas y besos
Amarillos suspiras porque, al verlas,
No te serán ya ésos
Más que -pendientes de los ojos- perlas;
Y las rosas ilesos,
Y los blancos sin roce,
Entre cintas desnudas, enterradas,
Reavivan el goce
Triste de ver ya frías, desamadas,
Las prendas y el amor que aún las conoce.

Entonces a mí puedes
Venir, llegar, oh, pluma que deriva
Por los aires más solos:
Yo tenderé y tiraré hacia arriba,
Altos sueños, mis redes,
Para que eterna, si antes fugitiva,
Entre mis alas, no en mis brazos, quedes.

Autor: Blas de Otero



sábado, 8 de noviembre de 2014

Oda a la vida


La noche entera
con un hacha
me ha golpeado el dolor,
pero el sueño
pasó lavando como un agua oscura
piedras ensangrentadas.
Hoy de nuevo estoy vivo.
De nuevo
te levanto,
vida,
sobre mis hombros.

Oh vida, copa clara,
de pronto
te llenas
de agua sucia,
de vino muerto,
de agonía, de pérdidas,
de sobrecogedoras telarañas,
y muchos creen
que ese color de infierno
guardarás para siempre.

No es cierto.

Pasa una noche lenta,
pasa un solo minuto
y todo cambia.
Se llena
de transparencia
la copa de la vida.
El trabajo espacioso
nos espera.
De un solo golpe nacen las palomas.
Se establece la luz sobre la tierra.

Vida, los pobres
poetas
te creyeron amarga,
no salieron contigo
de la cama
con el viento del mundo.

Recibieron los golpes
sin buscarte,
se barrenaron
un agujero negro
y fueron sumergiéndose
en el luto
de un pozo solitario.

No es verdad, vida,
eres
bella
como la que yo amo
y entre los senos tienes
olor a menta.

Vida,
eres
una máquina plena,
felicidad, sonido
de tormenta, ternura
de aceite delicado.

Vida,
eres como una viña:
atesoras la luz y la repartes
transformada en racimo.

el que de ti reniega
que espere
un minuto, una noche,
un año corto o largo,
que salga
de su soledad mentirosa,
que indague y luche, junte
sus manos a otras manos,
que no adopte ni halague
a la desdicha,
que la rechace dándole
forma de muro,
como a la piedra los picapedreros,
que corte la desdicha
y se haga con ella
pantalones.
La vida nos espera
a todos
los que amamos
el salvaje
olor a mar y menta
que tiene entre los senos.


Autor: Pablo Neruda


jueves, 6 de noviembre de 2014

El Día Que Me Quieras

El día que me quieras tendrá más luz que junio;
La noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo
serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por los montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras...
y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!
Al reventar el alba del día que me quieras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.

El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa, cada arrebol miraje
de "Las Mil y una Noche", cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.

El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

Autor: Amado Nervo



lunes, 3 de noviembre de 2014

Hombre preso que mira a su hijo


Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas.

Que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos.

Realmente no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula.

Olvidaban poner el acento en el hombre.

La culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y estos sí
cómo nos ensartaron
en la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.

Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos.

Por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos.

Vos ya sabes que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio.

Y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías.

Y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre.

Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.

Por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre.

Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar.

Que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos.

Y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa.

Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.

Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza.

Por eso ahora
me podes preguntar
y sobre todo
puedo yo responder.

Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere.

Llora nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos.

Gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse.

Llora
pero no olvides.



sábado, 1 de noviembre de 2014

En un mismo latido



A ti, extensión de mi piel, extensión de mi alma.
A ti, prolongación de mi cuerpo, mitad de mi ser.
A ti, guardián de mis sueños, de mis pensamientos.
A ti, a ti te escribo, unión perfecta e infinita,
Surcador de mis trazos que siembra con sus manos océanos rugientes en mi pecho,
Mar bravío de caricias raudas e inmorales que lucha por encontrar mi desnudez,
Oleaje de fuego y pasión que me sacude con sólo rozarme,
Candor que rellena mis huecos;
Brazos, piernas, manos tuyas enredadas en mi cuerpo,
Locura candente que navega desde mis hombros hasta mi frente,
Desde mis pies a mi cintura,
De mis caderas a mi pelo.
Líneas que parecen hechas para mis líneas, que parecen el molde de mí misma,
Tus trazos, mis trazos, tu cuerpo y mi cuerpo,
Sublime comunión de los mortales ésta que nos une hoy en un mismo suspiro,
En una misma piel,
En un mismo latido.

Autor: Marta Sader García





miércoles, 29 de octubre de 2014

lunes, 27 de octubre de 2014

Alargaba la mano y te tocaba

Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
El suave sitio donde tú terminas,
Sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
Indescifrable mar, lejana luz
Que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
Por el aire, que entraba y que salía,
Dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
En el dintel de siempre, prisionero
De la celda exterior.

La libertad
Hubiera sido herir tu pensamiento,
Trasponer el umbral de tu mirada,
Ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
Como una flor, la infancia , y aspirar
Su esencia y devorarla. Hacer
Comunes humo y piedra. Revocar
El mandato de ser. Entrar. Entrarnos
Uno en el otro. Trasponer los últimos
Límites. Reunirnos...

Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
En ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,
Ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
Sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
Remitiéndote pactos inservibles,
Alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero
Cuál era nuestra parte, el punto
De coincidencia, el tacto
Que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra
Le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
Los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
Se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
Qué responder: persiste, tiembla, anhela
Destruirse. Impaciente
Se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle... Cuánto olor,
Cuánto escenario para nada. Miro
Tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
Tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos
No indiferentes, pero diferentes. Somos
Tú y yo: los dos, desde la orilla
De la corriente, solos, desvalidos,
La piel alzada como un muro, solos
Tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
Sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
Como una niebla: ése es el lazo único;
Esa la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
En el candor de la desesperanza.
Aquí estamos nosotros: desvaídos
Los dos, borrados, más difíciles,
A punto de no ser... ¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
De tanto ser? ¿Es este desvivirse
Por vivir? Ya desangrado
De mí, ya inmóvil en ti, ya
Alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia...
Y alargaba la mano y te tocaba.

Autor: Antonio Gala




sábado, 25 de octubre de 2014

El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Autor: Jorge Luis Borges


miércoles, 22 de octubre de 2014

Otoño secreto


Cuando las amadas palabras cotidianas
Pierden su sentido
Y no se puede nombrar ni el pan,
Ni el agua, ni la ventana,
Y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve,
Y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo,
Y ha sido falso todo diálogo que no sea
Con nuestra desolada imagen,
Aún se miran las destrozadas estampas
En el libro del hermano menor,
Es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa,
Y ver que en el viejo armario conservan su alegría
El licor de guindas que preparó la abuela
Y las manzanas puestas a guardar.

Cuando la forma de los árboles
Ya no es sino el leve recuerdo de su forma,
Una mentira inventada por la turbia
Memoria del otoño,
Y los días tienen la confusión
Del desván a donde nadie sube
Y la cruel blancura de la eternidad
Hace que la luz huya de sí misma,
Algo nos recuerda la verdad
Que amamos antes de conocer:
Las ramas se quiebran levemente,
El palomar se llena de aleteos,
El granero sueña otra vez con el Sol,
Encendemos para la fiesta
Los pálidos candelabros del salón polvoriento
Y el silencio nos revela el secreto
Que no queríamos escuchar. 

Autor: Jorge Teillier