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sábado, 25 de octubre de 2014

El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Autor: Jorge Luis Borges


miércoles, 22 de octubre de 2014

Otoño secreto


Cuando las amadas palabras cotidianas
Pierden su sentido
Y no se puede nombrar ni el pan,
Ni el agua, ni la ventana,
Y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve,
Y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo,
Y ha sido falso todo diálogo que no sea
Con nuestra desolada imagen,
Aún se miran las destrozadas estampas
En el libro del hermano menor,
Es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa,
Y ver que en el viejo armario conservan su alegría
El licor de guindas que preparó la abuela
Y las manzanas puestas a guardar.

Cuando la forma de los árboles
Ya no es sino el leve recuerdo de su forma,
Una mentira inventada por la turbia
Memoria del otoño,
Y los días tienen la confusión
Del desván a donde nadie sube
Y la cruel blancura de la eternidad
Hace que la luz huya de sí misma,
Algo nos recuerda la verdad
Que amamos antes de conocer:
Las ramas se quiebran levemente,
El palomar se llena de aleteos,
El granero sueña otra vez con el Sol,
Encendemos para la fiesta
Los pálidos candelabros del salón polvoriento
Y el silencio nos revela el secreto
Que no queríamos escuchar. 

Autor: Jorge Teillier



lunes, 20 de octubre de 2014

Madrigal triste

¿Qué me importa que seas casta? Sé bella y triste.
Las lágrimas aumentan de tu faz el encanto.
Reverdece el paisaje de la fuente al quebranto;
La tormenta a las flores de frescura reviste.
Eres más la que amo si la melancolía
Consterna tu mirada; si en lago de negrura
Tu corazón naufraga; si el ayer su pavura
Tiende sobre tus horas como nube sombría.
Eres la bien amada si tu pupila vierte
-Tibia como la sangre- su raudal; si aunque blanda
Mi caricia te arrulle, lenta y ruda se agranda
Tu angustia con el trémulo presagio de la muerte.
¡Oh voluptuosidades profundas y divinas!
¡Salmo de los deleites entonado en sollozos!
Tus ojos, como perlas, son fuegos misteriosos
Con que las interiores penumbras iluminas.
Tu corazón es fragua; la pasión insepulta
Como ascua inextinta, dispersa su destello;
Y bajo la celeste blancura de tu cuello
Un poco de satánica rebeldía se oculta.
Pero en tanto, adorada, que no pueblen tus sueños
Pesadillas sin término, reflejos avernales,
Y en lívidas visiones de azufre mil puñales
Tajen tu carne ebria de filtros y beleños,
Y a todas las quimeras pávidas esclavizadas
El augurio funesto mires a cada paso,
Y convulsa te acojas al letárgico abrazo
Del tedio irresistible que anuncia la alborada.
Tú no podrás, oh sierva que me impones tu ley
Y a tu amor me encadenas perversa y temblorosa,
Decirme desde el antro de la noche morbosa,
Con el alma en un grito: "yo soy tú mismo, ¡oh rey!"


Autor: Charles Baudelaire



miércoles, 15 de octubre de 2014

Ángel



Todo duerme... del aire, el soplo blando
Callado va, con temeroso vuelo
El aroma esparciendo de las rosas;
Brilla la luna, y sueñan con el cielo
Los niños que reposan, contemplando
Flores, luz y pintadas mariposas.

¡Niños!, al soplo de mi tibio aliento,
Dormid en paz, que os cubren con sus alas
Los blancos y amorosos serafines,
Y adornándoos a un tiempo con sus galas
Hacen que en ondas os regale el viento
Blando aroma de lirios y jazmines.

Y, en tanto, el astro de la noche, lento,
Pálido, melancólico y suave,
Del aire azul recorre los espacios,
Globo de plata o misteriosa nave,
Vaga a través del ancho firmamento,
Por cima de cabañas y palacios.

Su tibia luz reflejase en la tierra
Como del alba la primer sonrisa
Que va a alegrar las aguas de la fuente;
Y al rizarse los mares con la brisa,
Cuanto su seno de hermosura encierra
Muéstrese allí, brillante y transparente.

Las plantas y los céfiros susurran
Con blando son, y acentos misteriosos
Lanza, al pasar, el murmurante río,
Y a través de los árboles frondosos
Las estrellas inmóviles fulguran
Chispas de luz en su ámbito sombrío.

Todo es reposo, y soledad, y sueño...
Sueño aparente y soledad mentida,
En el mundo del hombre... ¡hermoso mundo
Cuando, mintiendo, a amarle nos convida!
Y es que en que fuese amado puso empeño,
Quien llena cielo y tierra, y mar profundo.

Mas... ¿qué pálida sombra cruza el prado...
Errante, sola, fugitiva y leve?
Como si fuese en pos de un bien perdido,
Apenas al pasar las hojas mueve.
Y vaga al pie del monte y del collado
Cual tortolilla en torno de su nido.

Virgen parece por la undosa falda
Y por la blonda y larga cabellera,
Que el viento de la noche manso agita;
Bello es su rostro y dulce la manera
Con que pisa la alfombra de esmeralda,
Mientras su seno con ardor palpita.

¡Pobre mujer!... ¿Qué culpa, qué pecado
Como aguijón la ha herido en su inocencia,
Que el calor de su lecho así abandona?
Yo sondaré el dolor de tu conciencia,
Que no en vano a la tierra he descendido,
En nombre del Señor que la perdona.

Autor: Rosalía de Castro


lunes, 13 de octubre de 2014

¿En qué piensas?




Dime: cuando en la noche taciturna,
La frente escondes en tu mano blanca,
Y oyes la triste voz de la nocturna
Brisa que el polen de la flor arranca;
Cuando se fijan tus brillantes ojos
En la plomiza clámide del cielo...
Y mustia asoma entre tus labios rojos
Una sonrisa fría como el hielo;
Cuando en el marco gris de tu ventana
Lánguida apoyas tu cabeza rubia...
Y miras con tristeza en la cercana
Calle, rodar las gotas de la lluvia;
Dime: cuando en la noche te despiertas
Y hundes el codo en la almohada y lloras...
Y abres entre las sombras las inciertas
Pupilas como el sol abrasadoras;
¿En qué piensas? ¿en qué? ¡pobre ángel mío!
Piensas en nuestro amor despedazado
Ya, como el junco al ímpetu bravío
Del torrente que salta desbordado?
¿Piensas tal vez en las azules tardes
En que a la luz de tu mirada ardiente,
Mis ojos indecisos y cobardes
Posáronse en el mármol de tu frente?
¿O piensas en la hojosa enredadera
Bajo la cual un tiempo te veía
Peinar tu ensortijada cabellera,
Al abrirse los párpados del día?
¡Quién sabe! No lo sé, pero imagino
Que en esas horas de aparente calma,
Percibes mucha sombra en tu camino,
¡Sientes muchas tristezas en el alma!
Mas otro amante extinguirá tu frío,
Yo sé que tu pesar no será eterno;
Mañana vivirás en pleno estío...
Y yo, con mi dolor... ¡en pleno invierno! 




Todas las noches te veo



¡Todas las noches te veo
Y hablo contigo y te toco
Y te abrazo como un loco,
Te acaricio y te poseo!
Sin embargo, estás cautiva
En una tumba desierta
¿Qué me importa que estés muerta,
Si en mis sueños estás viva?


Autor: Julio Flórez





viernes, 10 de octubre de 2014

Agua, Vida Y Tierra



Yo fui estallido fuerte de la selva y el río,
y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas.
De un lado me estiraban las manos de las aguas,
y del otro, prendían me sus raíces las sierras.
Cuando mi río subía su caricia silvestre
en aventuras locas con el rocío y la niebla,
con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño,
lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras.
Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos,
me repetía en sus aguas hasta dar en la arena,
y era mi grito nuevo como un tajo en el monte
que anegaba las calles y golpeaba las puertas.
A veces la montaña se me vestía de flores
e iniciaba en mi talle curvas de primavera.
Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años
sobre senos y muslos y caderas de piedra!
Se treparon mis ojos al rostro de los árboles
y fueron mariposas sus vivas compañeras:
así es como en los prados voy buscando las flores,
y alas pido en las almas que a mi vida se acercan.
Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos,
y juraron ser índices de mis futuras vueltas;
por eso entre los cuerpos doblados de los hombres,
como puntales puros de orientación se elevan.
Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río,
y crecí amando el río e imitando la sierra…
Una mañana el aire me sorprendió en el llano:
ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas!
Pálidas ceremonias saludaron mi vida,
y una fila de voces reclamaron la prenda…
Mis labios continuaron el rumor de las fuentes
donde entrañé mis años y abastecí las venas.
De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje,
se tiende por el mundo como la dio la tierra!



Autor: Julia de Burgos



miércoles, 8 de octubre de 2014

Presencia en el olvido


Tú ya no tienes rostro en mi recuerdo. Eres,
Nada más la dorada tarde aquella
En que la primavera se detuvo
A leer con nosotros unos versos.

Y eres también esta tenaz y leve
Melancolía que sus pasos mueve
Sobre mi corazón,
Y casi no es
Melancolía.

Alguna vez yo tuve
Tu rostro y tus palabras.
¡Hoy no sé qué se hicieron!

Hoy eres solamente
Esas pequeñas cosas que se llaman
Un día, un libro, el lento

Caminar de la mano de la estrella,
Y a veces, -pocas veces-, el silencio
Fijándome los ojos desolados
En un sitio del aire, como ciegos.

Yo sé que estás lejano de mi límite.
Que ya no eres ni la voz ni el eco.
Si por el cauce de mi sangre subes,
Llegas, vano fantasma, hasta mi sueño.

Y te quiero mirar, y es esta tarde
Dorada, que ya dije,
Lo que encuentro.

La tarde que tenía un campanario
Entre los dedos
Y una humana dulzura en la manera
De entendernos.

Tú ya no tienes rostro.
Ya no eres.

Autor: Meira Delmar



Permanencia



Sopla, viento, sopla y arrasa, que también de ti

Saco conciencia.
En tu furia
Mido mis fuerzas. Dóblame si puedes, y túmbame,
Mi sostén es de acero.
Yo estoy sobre la línea de las cosas
Que no murieron nunca.
Mi raíz emerge
Desde el primer asomo del comienzo,
Y brota y ensancha, y fructifica, y siembra,
Hasta el negado fin del infinito.
Brioso y perverso y desafiante y ciego,
No borrarás la luz de mi paisaje,
Ni el aroma del tiempo que me quiere.
El canto de los pájaros
Ha de prender corolas de colores, siempre,
Y un recuerdo de nido
Entibiará mis ramas.
La luna te cortará las carnes para verme.
Estoy sobre el regazo de la tierra,
Bajo la cóncava mirada azul,
Con mi sabida sangre,
A un murmullo
Del agua.
Suéltate, desorbitado, atronador, deshecho,
Por la ladera fácil,
A querer romperme los oídos;
Yo escucho con el corazón.
Búscame, azota mi pensativa hora de preguntas,
Castígame el silencio, enfríame las manos,
Succióname la savia.
Fatigarás tu furia hasta que caigas.
Todos nosotros te derrotaremos; la gota de agua,
El anuncio del pájaro
Sobre la primavera,
La sonrisa del niño, y la sencilla
Calma de existencia.
Raíz de tempestad, barre las caídas hojas,
Y la inclinada brotación de miedo.
Tu voluntad altiva de torcerme


No quebrará mi línea,
Respiro con las cosas que no murieron nunca.
Soy de mí misma,
Indestructible, mía, en vertical esencia,
Y permanezco.


Autor: Matilde Alba Swann





sábado, 4 de octubre de 2014

Deseos



Yo quisiera salvar esa distancia,
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes;
Yo quisiera, en el cielo de tus brazos,
¡beber la gloria que en tus labios tienes!...

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte
para poder, como lo sueño a solas,
a un mismo tiempo por doquier besarte.

Yo quisiera ser lino, y en tu pecho,
allá en las sombras, con ardor cubrirte,
temblar con los temblores de tu pecho
y morir del placer de comprimir te.

¡Oh!...¡Yo quisiera mucho más!...¡Quisiera
llevar en mí, como la nube, el fuego;
más no, como la nube en su carrera,
¡para estallar y separarnos luego!...

Yo quisiera en mí mismo confundirte,
Confundirte en mí mismo y entrañar te;
Yo quisiera en perfume convertirte,
convertirte en perfume y aspirar te.

Aspirar te en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos.

Aspirar te en un soplo del ambiente,
y así verter sobre mi vida en calma
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter de lo azul de tu alma.

Aspirar te, mujer... De ti llenarme.
Y en ciego y sordo y mudo constituirme,
y ciego y sordo y mudo consagrarme
al deleite supremo de sentirte
y la dicha suprema de adorarte.



Autor: Salvador Díaz Mirón






jueves, 2 de octubre de 2014

Amor

Amor…
única llama que me queda de Dios
en el sendero cierto de lo incierto.
Aquí,
desesperada,
me contemplo la vida en un hueco del tiempo.
Entrecortando pasa el sendero de luz
que esperancé de sueño.
¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
volando en el espacio!
¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
cuando despierta el cuerpo!
¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados…!
¡Multiplican en ecos!
Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!
Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma…
Es una sombra vaga
sin ancla y sin regreso.
Mis espigas no quieren germinar al futuro.
¡Oh el peso del ambiente!
¡Oh el peso del destierro!
¡Amor…!
Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.

Autor: Julia de Burgos




martes, 30 de septiembre de 2014

Soñé que tú me llevabas...


Soñé que tú me llevabas...
Soñé que tú me llevabas 
por una blanca vereda, 
en medio del campo verde, 

hacia el azul de las sierras, 
hacia los montes azules, 
una mañana serena.


Sentí tu mano en la mía, 
tu mano de compañera, 
tu voz de niña en mi oído 
como una campana nueva, 
como una campana virgen 
de un alba de primavera. 


¡Eran tu voz y tu mano, 

en sueños, tan verdaderas!... 
Vive, esperanza ¡quién sabe 
lo que se traga la tierra.


Autor: Antonio Machado 




jueves, 25 de septiembre de 2014

ACUÉRDATE DE MÍ


¡oh! Cuánto tiempo silenciosa el alma
Mira en redor su soledad que aumenta
Como un péndulo inmóvil: ya no cuenta
Las horas que se van!



No siente los minutos cadenciosos
A golpe igual del corazón que adora
Aspirando la magia embriagadora
De tu amoroso afán.


Ya no late, ni siente, ni aún respira
Petrificada el alma allá en lo interno;
Tu cifra en mármol con buril eterno
Queda grabada en mí!


Ni hay queja al labio ni a los ojos llanto,
Muerto para el amor y la ventura
Esta en tu corazón mi sepultura
Y el cadáver aquí!


En este corazón ya enmudecido
Cual la ruina de un templo silencioso,
Vacío, abandonado, pavoroso
Sin luz y sin rumor;


Embalsamadas ondas de armonía
Elevábanse a un tiempo en sus altares;
Y vibraban melódicos cantares
Los ecos de tu amor.


Parece ayer! ...de nuestros labios mudos
El suspiro de ¡"adiós" volaba al cielo,
Y escondías la faz en tu pañuelo
Para mejor llorar!


Hoy... Nos apartan los profundos senos
De dos inmensidades que has querido,
Y es más triste y más hondo el de tu olvido
Que el abismo del mar!
Pero, ¿qué es este mar? ¿Qué es el espacio,
Qué la distancia, ni los altos montes?
Ni qué son esos turbios horizontes
Que mira desde aquí;


Si al través del espacio de las cumbres,
De ese ancho mar y de ese firmamento,
Vuela por el azul mi pensamiento
Y vive junto a ti:


Si yo tus alas invisibles veo,
Te llevo dentro del alma estás conmigo,
Tu sombra soy y dónde vas te sigo
Por tus huellas en pos!


Y en vano intentan que mi nombre olvides;
Nacieron, nuestras almas enlazadas,
Y en el mismo crisol purificadas
Por la mano de dios.


Tú eres la misma aún; cual otros días
Suspéndanse tus brazos de mi cuello;
Veo tu rostro apasionado y bello
Mirarme y sonreír;


Aspiro de tus labios el aliento
Como el perfume de claveles rojos
y brilla siempre en tus azules ojos
Mi sol, ¡mi porvenir!


Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido;
Mi nombre está en la atmósfera, en la brisa,
Y ocultas a través de tu sonrisa
Lágrimas de dolor;
Pues mi recuerdo tu memoria asalta,
Y a pesar tuyo por mi amor suspiras,
Y hasta el ambiente mismo que respiras
Te repite ¡mi amor!


¡oh! Cuando vea en la desierta playa,
Con mi tristeza y mi dolor a solas,
El vaivén incesante de las olas,
Me acordaré de ti;


Cuando veas que una ave solitaria
Cruza el espacio en moribundo vuelo,
Buscando un nido entre el mar y el cielo,
¡Acuérdate de mí!




Autor: Carlos Augusto Salaverry


Sullana (Perú), 1830 - París, 1891




lunes, 22 de septiembre de 2014

Todavía


No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría


palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo



tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto



nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa



sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía



pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro



y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido



y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más

todavía.

Autor:Mario Benedetti





sábado, 13 de septiembre de 2014

¡Tierra y Libertad!



¡Tierra y Libertad!
Es la típica frase de ésta lucha,
Lucha que se ha de hacer por la igualdad,
La lucha del pueblo… la lucha del hambre.


Sí, esa hambre que ha desolado a mi gente,
Esa hambre que tanto azota a mi pueblo, 
Hoy he decidido luchar por los que no comen,
Hoy lucharemos por un país más justo.


Levantad en armas, contra aquel gobierno corrupto,
Defended vuestros derechos ante la autoridad,
Dadle de comer al que no ha comido
Y lucha por aquella igualdad tan anhelada.


Pueblo mío, sangre mía, no te calles
Levanta la voz y exige lo tuyo.
Acata tus obligaciones y exige tus derechos.
Grita al sonar de los cañones… ¡Que Viva Nuestra Libertad!


Nos agachéis la cabeza, que os vas a tropezar,
Pueblo mío levanta la cabeza… 
Mantenla en alto, para que todos vean…
Cuán grande es la libertad.



Autor: Antonio Quesada Espinoza







sábado, 6 de septiembre de 2014

Attila József...Poeta Húngaro

(Budapest, Hungría, 1905 - Balatonszárszó, 1937) Poeta húngaro vanguardista de acusada orientación social y revolucionaria. Aunque de origen popular y humilde, la perfección formal y el refinamiento de sus primeros versos (El mendigo de la belleza, 1922; Un león transparente, 1924; Es a mí a quien entierran, 1926) hicieron que destacara desde sus inicios.





Attila József

(1905-1937)
Oda
(fragmento)





3.
Te amo como a su callada madre el niño,
como las grutas a sus profundidades,
como las salas a la luz,
como el espíritu a la llama y al descanso el cuerpo.

Guardo tus sonrisas, tus vaivenes, tus palabras
como la tierra guarda los objetos que en su seno caen.
En mis instintos he grabado,
como los ácidos en el metal,
tu dulce imagen:
colma allí tu criatura todas las cosas esenciales.

Los instantes ruidosamente pasan,
pero tú quedas, muda, en mis oídos.
Las estrellas se encienden y descienden,
pero tú te detienes en mis ojos.
Como el silencio en una gruta
tu sabor flota cálido en mi boca,
y tus manos, alzando un vaso de agua,
sobre ellas su fina red de venas,
recomponen el alba por momentos.



Junto al Danubio

(fragmento)

II
Hace cien mil años miro las cosas
que ahora veo de repente.
Sólo un minuto, y poseo completamente el tiempo
que cien mil antepasados miran conmigo.

Veo lo que no vieron. Cavaron, y mataron,
y abrazaron: cumplieron lo que ordenó su ley.
Mas si hay que se sinceros, vean ellos ahora,
en la materia inmersos, todo lo que no veo.

Nos conocemos como la alegría y la pena.
Yo poseo el pasado, el presente es de ellos.
Escribimos poemas –ellos guían mi lápiz:
yo los siento, los siento. Los siento y los recuerdo.